La fiebre del préstamo burrito

En las dos grandes crisis económicas recientes, uno de los principales factores desestabilizadores ha sido el descontrol de la deuda. Un apalancamiento general de la sociedad unido a unas entidades de crédito (demasiado) ambiciosas es un cóctel Molotov cuya llama incendiaria suele ser una simple chispa. Por poner un ejemplo, la chispa que inició el incendio devastador que supuso la crisis financiera de 2008 la provocó una oleada de impagos de préstamos hipotecarios. Viendo la actual situación crediticia del ciudadano promedio, podríamos estar ante el comienzo de una nueva burbuja. Sin embargo, puede que esta adicción al crédito fácil tenga menos repercusión económica que la que puede tener a nivel sociopsicológico.

En los últimos cinco años la sociedad ha atendido al auge y triunfo de los buy now pay later (BNPL). Financiadores pequeños y poco regulados que ofrecen préstamos al consumo para todo tipo de bienes, desde vuelos hasta ropa. Todos hemos visto como en la pasarela de pago de los comercios (si se realiza la compra on-line) hay una entidad que ofrece dividir el pago del producto en cómodos plazos de tres, seis o hasta doce meses. Incluso en algunos establecimientos te ofrecen dicha financiación en el mostrador al pasar por caja. La euforia por el microendeudamiento ha alcanzado niveles insospechados, hasta tal punto que en los Estados Unidos se haya popularizado el término burrito loan o préstamo burrito. Pero, ¿en qué consiste este concepto con un nombre tan ranchero y que huele a pollo con pimiento y salsa yogurt?

El préstamo burrito surge a raíz precisamente de esa adicción a los microcréditos, o, más bien, de esa fobia al ahorro del consumidor medio. Recibe su nombre de la última ventaja competitiva que han incorporado las principales plataformas de pedida de comida a domicilio a sus opciones de pago. Ahora, cualquiera puede fraccionar el pago de su burrito de Taco Bell en plazos.

Siempre ha existido el crédito al consumo, no es ninguna novedad. La gran mayoría de los españoles compra su coche con financiación de alguna de las filiales de consumer finance de los principales bancos del país. Pero hay una gran diferencia entre recibir un préstamo de treinta mil euros (algo que la mayoría de la gente, como mínimo, se piensa dos veces, y que la entidad de crédito de turno se encarga de estudiar en mayor o menor medida) y recibir numerosos microcréditos para compras de menos de cien euros. En este segundo supuesto, los requisitos para la concesión del préstamo suelen ser muy laxos, y el consumidor suele tener un dedo muy rápido para obtener las facilidades que éste representa.

El verdadero problema reside en el efecto psicológico que tienen los microcréditos en el consumidor medio. Y aquí surge un debate inevitable: ¿se debe permitir al consumidor incurrir en cuantos préstamos burrito consideren según su saber y entender, y bajo riesgo de que dicho saber y entender sea inferior al necesario, en aras de la libertad económica y en contra del paternalismo estatal? O, por el contrario, ¿se debería aumentar la regulación y los requisitos para que los consumidores incurran en microcréditos en respuesta al riesgo de que su irresponsabilidad financiera, motivada por la pequeña cuantía de los préstamos, termine por mermar sus economías? ¿Se está creando una generación de crédito-dependientes, que contará con un poder ahorrativo nulo? Dejo estas preguntas para su reflexión…

Algunos dirán que la avaricia sin medida de los prestamistas no tiene límites y que se aprovechan de los consumidores para ofrecerles préstamos abusivos en la compra de sus burritos, que es una primera necesidad y forma parte de los derechos fundamentales de todo ser humano. En una nota más seria, podría parecer que existe un aprovechamiento de la poca voluntad ahorradora de la población para obtener rentas de unos intereses abusivos. Sin embargo, declaraciones como esta no pueden estar más lejos de la realidad: la mayoría de las BNPL cobran un 0% de tipo de interés. Su beneficio está en las comisiones que cobran a los comercios por ofrecer sus servicios a sus clientes, lo cual, a su parecer (muy acertado) dispara el consumo. Además, al titulizar estos préstamos y venderlos a otras entidades de mayor volumen se libran del riesgo de crédito. Por tanto, solo podemos aceptar que unos cuantos listos han identificado un nicho de mercado en la falta de educación financiera del consumidor, y es absolutamente respetable.

Cabría entrar en debates sobre lo ético que es ofrecer créditos al consumo como si estuvieran en la cabalgata de los Reyes Magos para luego venderlos a otras instituciones que emplearán medios cuestionables para lograr amortizarlos. También cabría entrar en discusiones sobre qué pasará cuando se produzca una oleada de impagos de miles de estos microcréditos que están agrupados en bonos titularidad de los principales bancos del mundo. Pero esas son preguntas que tendrá que responder un economista. Mientras tanto, disfruten de su burrito de Tierra por tan solo 3 euros al mes.

  • Abogado del área de Bancario y Financiero en Ashurst. Doble Máster de Acceso a la Abogacía y Asesoría Jurídica a Empresas Bilingüe. Grado en Derecho Comparado con Diploma en Derecho Español de los Negocios.

    Ver perfil

Artículos relacionados

¿Quieres publicar en Futuro Legal?
Envíanos tu artículo y forma parte de la próxima edición en papel